Niervaert Breda
Alrededor del año 1300, en el desaparecido pueblo de Niervaert (cerca de la actual Klundert), un campesino llamado Jan Bautoen encontró una hostia en la tierra mientras cortaba turba. Cuando intentó recogerla, comenzó a sangrar en cinco lugares al ser tocada. Llevó la hostia al párroco, donde también se confirmó el milagro. La noticia se difundió rápidamente, y cada vez que la hostia era examinada, el milagro se repetía. Pronto, Niervaert atrajo a numerosos peregrinos de todas partes que acudían en busca de oración y sanación.
En 1449, la hostia fue trasladada a Breda, donde Juan IV de Nassau le dio un lugar en la Iglesia de Nuestra Señora.
Dentro de la iglesia, la hostia recibió su propia capilla: la Capilla de Niervaert. La bóveda, con sus cinco claves, hace referencia a las cinco heridas sangrantes — una referencia directa a las llagas de Cristo.
En 1463 se fundó la cofradía del Santísimo Sacramento de Niervaert, encargada, entre otras cosas, de organizar las procesiones. A pesar de periodos de decadencia, esta tradición continúa hasta nuestros días.
La procesión de Niervaert está vinculada al Corpus Christi, ya que gira en torno a la veneración de la Sagrada Hostia. En este día, el Santísimo Sacramento ocupa el centro — no solo en la misa, sino también en la adoración y la procesión. La hostia es mostrada, llevada y venerada — hecha visible para los fieles.
Hoy en día, la procesión tiene lugar en el Beguinaje, donde se entonan himnos como Pange Lingua y Tantum Ergo.
Las Hermanas Azules crean alfombras florales que hacen referencia al misterio del Sacramento.