La Cuarta Cruzada (1202–1204)
Los templarios apenas participaron en la Cuarta Cruzada. Este episodio demuestra claramente que la Orden no seguía ciegamente todas las cruzadas proclamadas. Permanecimos, en gran medida, al margen de los acontecimientos que marcaron la Cuarta Cruzada.
La Cuarta Cruzada fue proclamada por el papa Innocent III.
Lo más trágico de la Cuarta Cruzada fue que el papa Inocencio III deseaba organizar una expedición hacia Jerusalén. Sin embargo, lo que finalmente obtuvo fue Constantinopla.
Cuando Inocencio III fue elegido papa en 1198, con tan solo treinta y siete años, Jerusalén llevaba ya muchos años bajo dominio musulmán. Tras la Tercera Cruzada, dirigentes como:
• Richard I of England
• Philip II of France
• Frederick I Barbarossa
habían conseguido importantes victorias, pero Jerusalén no había sido recuperada. Para el joven pontífice aquello era inaceptable. Quería ayudar a Tierra Santa, fortalecer la presencia cristiana y organizar una nueva cruzada bajo la autoridad directa del papado.
👈🏻 El papa Inocencio III
El rey Ricardo Corazón de León 👉🏻
El plan original no consistía en dirigirse directamente a Jerusalén, sino que respondía a una estrategia cuidadosamente pensada. La idea era derrotar primero el poderoso centro del poder islámico en Egipto. En aquella época, Egipto constituía el corazón del poder de la dinastía ayubí. Quien controlara Egipto tendría muchas más posibilidades de recuperar Jerusalén.
En 1198, mientras el núcleo de nuestra fuerza militar ya se encontraba en Tierra Santa, el papa Inocencio III proclamó la Cuarta Cruzada. Respondieron principalmente nobles franceses, flamencos e italianos, además de cruzados, aventureros y caballeros que habían hecho el voto de tomar la cruz. Todos ellos se reunieron en Europa, no en Acre ni junto a los templarios, sino en Francia, Italia y Venecia.
En Venecia, los cruzados necesitaban una enorme flota para transportar al ejército hacia Oriente. Por ello firmaron un acuerdo con la República de Venecia. Durante meses, los venecianos construyeron barcos especialmente para esta expedición. Sin embargo, cuando los cruzados llegaron, eran muchos menos de los que se habían previsto. Como consecuencia, fueron incapaces de pagar la suma acordada. Fue entonces cuando comenzaron los verdaderos problemas.
El dirigente veneciano, Enrico Dandolo, propuso una solución:
«Ayudadnos primero a conquistar Zara y después resolveremos la cuestión de vuestra deuda.»
Pero Zara era una ciudad cristiana. El papa había prohibido expresamente cualquier ataque contra ella. A pesar de ello, los cruzados desobedecieron la orden. Fue la primera vez que la cruzada se apartó de su objetivo original. Pero la situación aún empeoraría. En Constantinopla, el príncipe Alexios Angelos prometió a los cruzados:
• enormes sumas de dinero;
• apoyo militar;
• la reunificación de la Iglesia griega y la Iglesia latina;
si le ayudaban a convertirse en emperador de Constantinopla. Para un ejército profundamente endeudado, aquella propuesta resultaba muy tentadora. Poco a poco, una cruzada destinada a liberar Jerusalén terminó convirtiéndose en una expedición contra Constantinopla.
Así, toda la expedición pasó gradualmente de «Liberar Jerusalén» a «intervenir en la política bizantina». Y es precisamente en ese momento cuando los templarios comienzan a distinguirse claramente del resto de los participantes en la cruzada.
Finalmente, en 1204, la capital cristiana de Constantinopla fue conquistada y saqueada. Aquello constituyó un auténtico escándalo. Las iglesias fueron saqueadas, las reliquias robadas y los cruzados —cristianos— terminaron combatiendo contra otros cristianos.
👆🏻 El príncipe Alejo III Ángelo
Esta miniatura del siglo XV representa el asedio y la conquista de Constantinopla en 1203 durante la Cuarta Cruzada. Cruzados y venecianos atacan la ciudad desde el mar, asaltan sus murallas y finalmente logran tomarla. 👆🏻
Los templarios no eran solamente monjes; también eran milites: soldados con una misión claramente definida. Comprendieron desde muy temprano que la Cuarta Cruzada se estaba apartando de su propósito original. Los intereses comerciales de Venecia, los conflictos provocados por las deudas, las luchas sucesorias del Imperio bizantino y el saqueo de ciudades cristianas eran completamente contrarios a la misión para la que había sido fundada la Orden: proteger a los peregrinos, defender Tierra Santa y combatir a los enemigos de los Estados cruzados.
Los Templarios tenían una misión bien definida.
Un caballero podía pensar: «Tal vez Constantinopla nos proporcione riquezas.»
Un veneciano podía pensar: «Tal vez Constantinopla beneficie nuestro comercio.»
Pero un templario se hacía una pregunta muy distinta: «¿Esto ayuda a Jerusalén?» Porque esa era la razón por la que habíamos tomado la cruz.
Eso hacía que nuestra manera de tomar decisiones fuera completamente diferente. Nosotros no habríamos lanzado un ataque contra Zara ni nos habríamos involucrado en las guerras sucesorias del Imperio bizantino. Nuestro destino era Tierra Santa, y hacia allí habríamos dirigido nuestros pasos.
El papa Innocent III estaba profundamente indignado. Había prohibido expresamente el ataque contra Zara y jamás había autorizado una expedición contra Constantinopla. Cuando la ciudad fue saqueada en 1204, condenó públicamente aquel saqueo. Sin embargo, para entonces ya era demasiado tarde. Los acontecimientos habían seguido su curso y ya no era posible deshacer lo ocurrido.
La Cuarta Cruzada cuenta, en realidad, dos historias muy distintas.
El plan del papa: liberar Jerusalén, ejercer presión sobre Egipto para facilitar su recuperación y fortalecer la unidad de la cristiandad.
Lo que realmente ocurrió: una deuda con Venecia, el ataque contra Zara, las luchas sucesorias del Imperio bizantino y, finalmente, el saqueo de Constantinopla.
En resumen:
• El papa proclama una cruzada.
• Los templarios ya se encuentran en Oriente.
• El ejército parte de Europa.
• El ejército queda atrapado entre deudas e intrigas políticas.
• Constantinopla es saqueada.
• Tierra Santa apenas obtiene beneficio alguno de aquella enorme expedición.
A la izquierda: Constantinopla. A la derecha: Acre (San Juan de Acre).
Debajo: Jerusalén.
Para los templarios, aquella situación resultaba extremadamente preocupante. Mientras en 1198 manteníamos la línea de defensa en Acre, Palestina y Siria frente a las potencias islámicas —que era precisamente donde debía centrarse nuestra atención—, escuchábamos al papa Inocencio III convocar una Cuarta Cruzada con el propósito de ayudar a Tierra Santa. Era lógico esperar refuerzos: más hombres, recursos económicos para adquirir víveres, caballos, suministros y todo lo necesario para sostener la campaña. Pero, en lugar de eso, comenzaron a llegar noticias muy diferentes. «Han atacado la ciudad cristiana de Zara.» Poco después: «Se dirigen hacia Constantinopla.» Y más tarde: «Han saqueado Constantinopla.» Mientras tanto, tú continúas en Palestina… 😳 «Hermanos… ¡Jerusalén está en la otra dirección!»
Visto con la perspectiva del tiempo, la Cuarta Cruzada fue un auténtico desastre para el movimiento cruzado. En lugar de recuperar Jerusalén:
• una capital cristiana fue saqueada;
• surgió un odio duradero entre Oriente y Occidente;
• el Imperio bizantino quedó gravemente debilitado.
Un Imperio bizantino debilitado significó también un menor apoyo a la presencia cristiana en Oriente.
En resumen, puede afirmarse que la Cuarta Cruzada fue precisamente el tipo de cruzada para el que la Orden del Temple nunca había sido fundada. Esto explica por qué las fuentes en torno al año 1204 hablan mucho menos de los templarios que durante la Primera, la Tercera o las cruzadas posteriores.
Uno de los aspectos más fascinantes de la Cuarta Cruzada es el siguiente: cuanto más desaparecen los templarios de los acontecimientos, más se aleja la cruzada de su propósito original. Esto no demuestra que hubieran podido evitar todo lo que sucedió. Sin embargo, sí pone claramente de manifiesto que su brújula moral apuntaba en una dirección muy distinta a la de muchos dirigentes seculares. También aquí vuelve a hacerse evidente que la Cuarta Cruzada constituye uno de los argumentos más sólidos contra el estereotipo de los templarios como guerreros temerarios. Si hubo un momento en el que una gran parte del movimiento cruzado perdió de vista su misión original, fue precisamente este. Y es también el momento en el que los templarios no estaban al timón.